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En desarrollo · Para restaurantes

Un kiosco en su mostrador

La misma carta que ya vende en línea, en una tablet mirando al cliente. Pide solo, en su idioma, y paga desde su celular o en la ventanilla. El ticket sale en la impresora de siempre.

Todavía no está listo. Lo estamos construyendo y no damos fecha. Lo anunciaremos cuando lleve semanas funcionando en un restaurante de verdad, no antes. Si quiere, le avisamos el día que esté.
Avíseme cuando esté

O mándenos un texto al (641) 484-0993.

Captura real de la tienda en una tablet. El kiosco usará esta misma pantalla, a pantalla completa y con los botones más grandes. No es un dibujo de algo que no existe.

Cómo funcionaría

  1. 1
    El cliente elige idioma

    Dos botones grandes, español e inglés. Es la primera pantalla, no un ajuste escondido: quien no lee inglés no tiene que adivinar nada.

  2. 2
    Arma su pedido

    Su misma carta, con las mismas fotos, tamaños y extras que ya tiene en línea. Un solo sitio donde cambiar un precio, y cambia en todo a la vez.

  3. 3
    Paga como quiera

    La pantalla enseña un código QR: lo escanea y paga desde su propio celular. Y si prefiere efectivo, paga en la ventanilla como siempre. Usted no compra ningún lector de tarjetas.

  4. 4
    El ticket sale en su cocina

    En la misma impresora que ya usa. Si el cliente eligió pagar en la ventanilla, el ticket sale marcado SIN PAGAR en grande, para que nadie entregue comida sin cobrarla.

  5. 5
    Se le llama por número

    El cliente se lleva un número en pantalla y en papel. Nada de gritar nombres ni de adivinar de quién es cada bolsa.

Qué resuelve

Lo que ya está decidido

Cuándo NO le conviene

Un kiosco rinde donde hay cola. Si a su local entra poca gente a pie, la pantalla se queda encendida todo el día sin que nadie la toque, y eso no le sirve de nada. Antes de montarle uno preferimos contar cuánta gente pide en su mostrador durante una semana. Si sale que no, se lo decimos.

Mientras tanto

Lo que sí puede hacer hoy, y no cuesta nada, es poner un cartel con un código QR en su mostrador: el cliente escanea, pide desde su celular y se salta la fila. Es la misma tienda. Si nadie escanea ese cartel, tampoco iba a tocar un kiosco — y se ahorra usted la tablet.

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